Ella solía caminar sola, amenazada por la oscuridad que en cada esquina la esperaba atenta, paciente, deseando llenarla de pesadillas y temores que le resultaban imprescindibles en tal situación. Ella solía esconderse cuando tenía miedo, pero un día dijo no, la oscuridad no me aterra, no me gobierna, no voy a dejar que mis momentos de soledad se aprovechan de mis pocas defensas, déjenme en paz.