Aunque me abrace a las sábanas cada mañana, con ganas de quedarme enredada entre ellas gran parte del día y disfrutar el remoloneo mientras el sol se filtra por la cortina, debo levantarme. Hubo una vez que no me levanté. Me perdí en pensamientos y comencé a soñar despierta. Soñaba con un día donde no tuviera que levantarme, donde no pudiera. Pegada a la cama tironearía para zafarme, pero no lo lograría. Las sábanas apretando fuerte, haciéndome daño. Me desperté de un salto de ese sueño, pero al mirar a la cama yo seguía ahí. Con ganas de escapar. Esa fue la última vez que me enredé entre sábanas.