Esclavos del rigor dejando su esencia a su paso, apurados como si la vida se les escapara de sus manos y pueden alcanzarla. Acelerando el paso en cada esquina, trotando y hasta corriendo. Poetas mirando al tiempo como un viejo amigo, sonriendo con simpatía a cada minuto conocido. Estos dos se chocan en una avenida, pero se ignoran entre sí. Unos están muy apurados para dirigir miradas, los otros simplemente desinteresados. Sin embargo el roce lo sienten ambos y piensan en el otro, pero ninguno se detiene a decir nada.